NUESTRA HISTORIA

La historia del Colegio Adventista de Nicaragua, es el registro de la obra providencial y guiadora de Dios. Su génesis se remonta a los años 80,  en febrero de 1982 inicia su primer ciclo escolar en Cusiles, Matiguás del departamento de Matagalpa, con una matrícula de ciento cincuenta alumnos, compuesto de setenta y cinco señoritas y la misma cantidad de varones.

Esta era una finca de ganado la cual estaba en venta, cuya intención era comprarla si satisfacía las necesidades que un colegio con internado requería, tomando en cuenta los principios de la filosofía de la educación cristiana adventista.

“Por esta razón, Dios nos ordena que establezcamos las escuelas fuera de las ciudades, donde, donde sin molestia ni estorbo podamos llevar a cabo la educación de los alumnos de acuerdo con el solemne mensaje a nosotros confiado para el mundo. Una educación como esta puede elaborarse mejor donde hay tierra que cultivar, y donde el ejercicio físico que hagan los alumnos sea de tal naturaleza que desempeñen un papel valioso en la edificación de su carácter, y los haga útiles en los campos a los cuales irán”  CPM. Pág. 411, edición 1948. Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, Argentina.

En principio el lugar tenia las condiciones mínimas, contaba con solamente una casa de dos plantas de madera, teniendo un uso múltiple, sirviendo como dormitorio y aulas respectivamente; por la propiedad pasaba un río el cual suplía la necesidad de agua potable para la institución, la cual era trasladada en un burro arreado por un alumno de sexto grado cuyo nombre era Humberto Lanuza, a la vez el río era usado como centro de lavandería donde las señoritas lavaban las ropas tanto de ellas como de los varones ya que ellos trabajaban cultivando la tierra como parte del programa de educación en armonía con la filosofía adventista.

El director de la institución fue Napoleón Beteta, el tesorero Jaime Borda, la ecónoma la señora Borda, la preceptora Gloria Castillo y el preceptor Guillermo Trinidad.
Los estudiantes realizaban sus actividades escolares con muchas limitaciones tales como la ausencia de mobiliario escolar, no contaban con un comedor, ni suficientes utensilios para la labor culinaria; la planta superior de la casa servía tanto como aulas, dormitorio de las señoritas y lugar de adoración, mientras tanto los varones en tiempo de verano dormían en tiendas de campañas hasta la llegada del invierno lo cual obligó a ubicarlos en la planta inferior de la casa.

A pesar de estos inconvenientes naturales y físicos, el cuerpo estudiantil  y docentes disfrutaban de un ambiente social agradable, fomentándose la unidad, confraternidad y compañerismo entre ellos, a través de reuniones sociales realizadas semanalmente cuyas actividades implicaban: juegos, socio dramas, cantos juveniles y fogatas.

En el marco espiritual se motivaba el espíritu misionero y de servicio en los jóvenes, se fomentaba en ellos el liderazgo, el amor a la obra de Dios y el deseo de formar parte del gran ejercito de obreros al servicio de Dios.

Para el mes de agosto de 1982 se toma la decisión de trasladar la institución al valle de Quebrada Honda situada a unos 15 km del casco urbano de la ciudad de Matagalpa dando así inicio a una nueva etapa en la búsqueda y establecimiento de un lugar adecuado y con mejores condiciones para alcanzar los ideales de la educación cristiana adventista.

Las nuevas instalaciones contaban con una infraestructura compuesta por dos galerones de madera los cuales eran usados como aulas de clases y en una sección de uno de ellos se encontraba ubicada la secretaría de la institución; además existían dos edificios los que fueron usados uno como casa de habitación para el director y el otro como cocina y comedor, cabe mencionar que la casa del director fue dividida para ser usada una parte de esta como dormitorio de señoritas, mientras que a los caballeros se les edifico un lugar destinado para su  dormitorio.

El lugar era bendecido por arboles de mangos y un pozo el cual sustituyo al rio de Cusiles (transportando el agua ya no el burro sino los alumnos como parte de su trabajo estudiantil) lo que mitigaba la necesidad de agua potable en la institución.

El cambio de domicilio del colegio trajo como resultado un incremento en la matricula a un numero de 200 alumnos, así como una nueva opción en educación en la ciudad de Matagalpa. Manteniendo como base fundamental formar a los jóvenes con un sentido de vocación al servicio de Dios y la sociedad.

Fue este lugar el escenario motivador e inspirador para la creación del himno del colegio compuesto por dos estudiantes de cuarto año de secundaria (José Antonio Vargas y Marvin Gómez Otero) ambos en la actualidad son Pastores y líderes de la Iglesia Adventista del Séptima día, desempeñándose hoy día, el primero como Presidente de la Misión Noroccidental y el segundo como Departamental de Educación respectivamente.  Para este tiempo se conocía al colegio como Colegio Adventista Secundario (CAS).

En ese momento el Director del colegio era Pr. Roberto Brown, actualmente secretario de la Unión Adventista de Honduras, el Tesorero era el Licenciado Jaime Borda y su esposa  era la Ecónoma, el Preceptor Mauricio Gutiérrez y la Preceptora Eloísa Johnson.

Aun cuando no había todas las condiciones como mencionamos anteriormente, por lo trabajoso de estar acarreando agua para la cocina y para el aseo personal de algunas maestras, además de luchar con invitados extraños que provocaban dolor inesperadamente como es el caso de los alacranes que abundaban en ese lugar, se gozaba de un ambiente que manifestaba el ideal de la educación cristiana adventista.

Es necesario destacar la  armonía y compañerismo que existía entre los docentes y alumnos como si fueran una sola familia, imperando el interés común y la amistad, prueba de ello, era que algunos maestros ayudaban con su salario a estudiantes de bajo recursos para que continuaran en la institución, esto es relevante dadas las condiciones políticas y económicas que dominaban ese tiempo, siendo que era tiempo de guerra y los salarios de los maestros bajos.

El ambiente era muy espiritual, cabe destacar la participación de los alumnos en la predicación, tanto de los sábados como de los otros días regulares, el desarrollo de liderazgo en los programas de sociedad de jóvenes era evidente, como la integración de ellos en las actividades de limpieza del plantel y la preparación de los alimentos tanto por varones como por señoritas, conducidas por la Ecónoma de la institución.

En febrero del año de 1987 el CAS se traslada a la comunidad de Cedro Galán ubicada en el km 12 de la carretera vieja a León en la ciudad de Managua, una propiedad adquirida por la Misión Adventista del Séptimo Día, para que el colegio se establezca permanentemente.

Dicha propiedad contaba con tres edificios los cuales fueron asignados de la siguiente manera, la casa que estaba bajo el árbol de mamón, fue asignada a los internos, y la casa asignada para el hogar de señoritas estaba ubicada donde hoy es el salón de reuniones masivas que construyó la Misión Adventista Central, el gallinero se convirtió en el comedor, donde los mismos alumnos cocinaban conducidos por su Ecónoma, Noemí Miranda, quien había sido profesora de español en el CAS en Quebrada Honda, Matagalpa.

La casa de la finca fue la habitación del hermano Vega y su familia, quien se desempeñaba como mecánico y conductor del bus del colegio. Fue impresionante ver como los padres que venían a dejar sus hijos, se incorporaban en la aventura de construir camarotes para ellos, el espíritu alegre y la convicción firme de ser partícipes de la educación cristiana que legaban a sus hijos, eran el motor que les impulsaba.

Las aulas fueron construidas con el material que se trasladó de Quebrada Honda, Matagalpa, ubicándolas cerca del hogar de señoritas, fue así como comenzó a construirse un sueño, en el que Dios tuvo a bien designar al Pastor Keslee Hodgson como el hombre para ese momento desafiante, contando con un personal constituido de la siguiente manera: Preceptor, Gerardo Vásquez, Preceptora, Elizabeth Callejas, el Gerente, Mauricio Mátus.

Posteriormente Dios proveyó que la embajada de Dinamarca en conjunto con ADRA (Agencia de Desarrollo de Recursos Asistenciales Adventista) favoreciera al colegio para ser objeto de una donación que dio como resultado los edificios que hoy se levantan en el plantel como testimonio del poder de Dios.

Estos fueron los orígenes de lo que ahora se conoce como el Colegio Vocacional Adventista de Nicaragua (COVANIC) Es una historia que revela la providencia de Dios y sus actos maravillosos en el establecimiento del COVANIC como centro cristiano de formación vocacional Adventista.

Comentarios 

 
-1 #8 Mercedes dalledonne 03-03-2017 14:15
Agradezco me envien informacion para contactarlos. Atte, mercedes
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-1 #7 marisol orozco 11-02-2017 13:34
Buenos dias.una Pregunta aceptan ninos que vivan en sebaco matagalpa.que este interno y cuantos dias al mes salen a casa.gracias de antemano
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0 #6 Ana urbina 09-12-2016 21:32
Hola como puedo obtener información
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0 #5 Eveling flores 29-09-2016 21:54
Donde queda y cuanto vale la mensualidad y cuales son los metodos, estrategias, y reglas que usan para cambiar a un niño o a un adolescente
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0 #4 Eduardo José Amador 24-12-2015 14:48
Un ex-alumno de los años 86-88 que bueno y agradable es saber de esta institución que fomenta extraordinarios valores, desde El Salvador, mis saludos y éxitos en este 2016
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+2 #3 José Santos Padilla 10-04-2015 01:12
Sería bueno editar un poco esta historia, pues parace una narrativa desconectada de los protagonistas bacilares de esta historia. Se mencionan hechos y las pocas personas que ocupan cargos en Nicaragua, pero la verdad es que hubo un grupo de jóvenes que tomaron muy a serio su relación con Dios y el proceso educativo.

Un hecho a destacar es que, no empieza en Cusíles, sino en Sukat-Pin en 1980, luego el colegio se traslada a Cusíles, sucesivamente en 1982 a Quebrada Honda.

Esa fue una generación peculiar, la influencia espiritual de los hermanos Valentín y Bernabé Vargas, David Urbina, Luisa Amanda Mairena, Juan Francisco Altamirano, Fredy Zeledón.

El detalle que en invierno nos refugiavamos en la casona, es cierto solo en cuanto pasaba la lluvia, luego regresavamos a las carpitas. Pero eramos inmensamente felices y unidos.

Nuestros profesores eran muy hábiles y gigantes espirituales, con todo, siempre había un pequeño grupo que más tendía a ser chistoso que terrible.

Yo soy el más pequeño de los apóstoles de ese tiempo, pero para mi fortuna, esas experiencias me han sustantado estos 28 años de ministerio pastoral en tres Divisiones (inter-america - Sudamerica - North American Division.

Me gozo en saber que la obra ha avanzado tanto en Nicaragua que hay hasta una universidad. Un día de estos iré a visitar esa gente linda que contribuyó tanto en mi formación.
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0 #2 Fatima Sanchez 13-10-2014 09:53
Ame mi colegio desde esos comienzos, yo conoci mi querido COVANIC, cuando aun era de humildes tablas... me dolio mucho cuando en su momento mi padre me retiro del colegio, fueron mis mejores años de secundaria y buenos amigos que tuve en ese tiempo... bendiciones
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+1 #1 Jaime Bordas Jr 25-10-2013 19:02
Gracias a Dios por habernos dado tan hermoso colegio. Yo soy el hijo mayor del Lic.Jaime Bordas, hasta donde yo me acuerdo el colegio empezo en Sukapin, y mi padre Jaime Bordas fue el primer Director del colegio Adventista. Asi es como empezo el Colegio Adventista en Nicaragua.

PS el apellido es BORDAS.
Gracias y que Dios los siga utilizando en su obra.
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